POV: Catalina
El escenario de la Ópera de Dubái no estaba iluminado; estaba bañado en una luz azul neón tan intensa que parecía radiactiva.
El aire acondicionado zumbaba con una potencia industrial, manteniendo a las quinientas personas de la audiencia en un estado de criogenización confortable, lejos del calor del desierto que acechaba tras los muros de cristal.
Khalid Al-Rasheed caminaba de un lado a otro del escenario, con un micrófono inalámbrico en la mano y la confianza de un predicador que acaba de inventar un nuevo dios.
Su silueta se recortaba contra una pantalla LED gigante de veinte metros que mostraba renders futuristas en alta definición.
—Dicen que los tiempos son difíciles —dijo Khalid, su voz amplificada resonando en la acústica perfecta de la sala, vibrando en el pecho de cada asistente—. Dicen que el mercado se contrae. Que los inversores tienen miedo. Que deberíamos ser prudentes, conservar, esperar.
Se detuvo en el centro exacto del escenario, bajo el foco pri