POV: Catalina
Mi teléfono vibró.
No el de Khalid. El mío. El secreto.
ZARA: El servidor cayó. Tenemos los archivos. La bala de plata está en la recámara.
Sonreí.
Estaba sentada en la terraza de Cipriani, fingiendo tomar un té helado mientras esperaba al chófer.
La brisa del puerto deportivo movía las palmeras.
Por primera vez en años, el aire no me pesaba.
Me sentía ligera. Poderosa.
—Esa sonrisa no es tuya.
La voz me sobresaltó.
Me giré.
Dante Moreno estaba de pie junto a la barandilla, bloqueando el sol.
Llevaba la misma camisa de lino arrugada y esa mirada de perro sabueso que no ha dormido en tres días.
—Dante —dije, bajando el teléfono rápidamente—. ¿Me estás siguiendo?
Él no se inmutó. Arrastró una silla y se sentó frente a mí, invadiendo mi espacio personal y mi falsa tranquilidad.
—No necesito seguirte, Cat. Dubái es un pañuelo para los expatriados. Y tú eres la noticia de portada.
Me miró a los ojos.
No con deseo. Sino con análisis.
—Has cambiado —dijo.
—Me corté el pelo —men