POV: Catalina
Volvimos a la galería Qasr Al-Fan.
Esta vez, Zara había barrido el lugar en busca de micrófonos.
Estábamos seguras.
Pero el ambiente era diferente. Ya no había lágrimas ni abrazos de consuelo.
Había tensión operativa.
Zara tecleaba en su portátil. Vivienne revisaba documentos legales con gafas de lectura. Sera limpiaba una pistola pequeña y plateada con un trapo de seda. Layla servía té fuerte.
Yo estaba de pie frente a la mesa central.
—Zara —dije—. Apaga las luces.
La sala se sumió en la oscuridad.
Encendí el proyector que había traído.
Una imagen azul y blanca llenó la pared del fondo.
No era una foto. No era un documento bancario.
Era un plano arquitectónico.
Se hizo el silencio.
Todas reconocieron la silueta.
La Torre Al-Rasheed.
El cuartel general de Khalid. El edificio desde donde dirigía su imperio, sus sobornos y sus mentiras.
Cincuenta pisos de acero negro y cristal polarizado en el corazón del distrito financiero.
—Conocemos este edificio —dijo Sera, sin dejar