POV: Zara
El ventilador de pie en la esquina del apartamento gemía agónicamente.
Clac-clac-clac.
Hacía treinta y cinco grados en la habitación, incluso a las dos de la madrugada. El aire de Deira era una sopa espesa de humedad y olor a especias rancias.
Zara Okonkwo-Silva se secó el sudor de la frente con la manga de su sudadera gigante.
No sentía el calor.
Solo sentía el frío eléctrico de la Red.
Sus dedos volaban sobre el teclado mecánico. El sonido de las teclas era una ametralladora rítmica