POV: Catalina
Mi habitación en la villa de la isla era una caja de zapatos.
Sin ventanas al mar. Solo un tragaluz pequeño y sucio que dejaba entrar un rayo de sol cruel.
Me había pasado las últimas tres horas golpeando las paredes. Buscando un hueco. Un panel suelto.
Nada.
Khalid había diseñado esta habitación para ser una celda perfecta.
Me senté en el suelo, frustrada.
Pero entonces, mi mente de arquitecta empezó a trabajar.
Cerré los ojos y visualicé el plano de la villa que había visto brevemente cuando llegamos.
La estructura era una "L". Mi habitación estaba en el extremo corto de la "L". El salón principal estaba en el extremo largo.
Entre mi habitación y el baño de servicio... había un espacio muerto.
Según la geometría externa de la casa, debería haber un pasillo de dos metros. Pero por dentro, la pared era continua.
—Dos metros —murmuré—. Dos metros de vacío.
Me levanté.
Fui al armario empotrado.
Estaba vacío, salvo por unas perchas de madera.
Golpeé el fondo del armario.
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