76. Una confesión apresurada

En la mesa todos están presentes. Azucena no deja de hablar con Rita, y de vez en cuando Altagracia le da una mirada a su abuela, quien con una sonrisa pequeña le demuestra que todo está bien. Pero Altagracia sabe que casi nada está bien.

Delante de todos es una desconocida. Y ella misma se siente una desconocida. Como quisiera abrazar a su hermana pequeña y demostrarle que sigue aquí. O simplemente tirar todo y continuar con su vida.

Suspira. Es algo difícil de hacer. Mucho está en juego.
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