19. El comienzo de una nueva vida
—Dios me dé fuerzas —Gilberto apenas entiende lo que sucede frente a él—, acabo de estar en su funeral, señora…
—Gilberto —escondida en la mansión desde hace dos días con la ayuda del doctor, Altagracia camina descalza, aun vendada por las quemaduras en todo su brazo y con una manta en sus hombros. Intenta sonreírle vagamente a Gilberto—, soy yo. Estoy viva…—y se siente tan bien para ella tomar la mano de alguien. Altagracia suelta la primera lágrima—, vivo, Gilberto. Nunca fallecí.
Estos días