136. Sin que lo notes
—¡Necesito que la lleven a un hospital! ¡Ahora! —la voz de Gerardo retumba tan fuerte en sus oídos, pero debido al incremento del estrés y el miedo en Altagracia ni siquiera está cerca de prestarle atención. Solamente lo abraza por el cuello, entre lágrimas silenciosas mientras el sonido de los disparos hace que se envuelva más en los brazos de Gerardo.
—¡Aquí! ¡Tráela aquí! —escucha Altagracia en un vocifero que desprende ferocidad. No distingue quien es, pero no es Gerardo.
Segundos después,