102. Dios los cria y el diablo los junta
—¡Idiota! ¡Cómo te odio! ¡Cómo te odio! ¡Muérete otra vez! —Soledad se mira al espejo tocándose el enrojecimiento que le causó el azote de Altagracia. Revienta en rabia, gruñe impaciente—. ¡Maldita sea!
Cada uno de sus planes no es que sean imposibles sino que se alejan cada vez más. Primero el mocoso, ahora…la presencia de nada más ni nada menos que de Altagracia Reyes.
Creyó que esté era el momento exacto para superarla, humillarla, tener todas las cosas que jamás tuvo porque Altagracia lo