101. Hermosa realidad
—¿Eres tú…? —la voz de Altagracia vuelve a acortarse peor que antes.
Sus manos tiemblan con el toque de Gerardo y ni siquiera es suficiente para confirmar éste sueño. Supone que sigue dormida, porque nada de esto puede ser real. Luego de tanto dolor, observar la única salida directa hacia su felicidad es un presagio que no sabe cómo tomar. Son sus lágrimas la respuesta de su enorme dolor, su sorpresa, su felicidad. Abraza a su bebé mientras la piel de Gerardo sigue en contacto con la suya.
— Po