Me encogí de hombros, indefensa.
—No tengo idea.
El bartender se rió.
—Te propongo algo. Te preparo varias muestras. Invitación de la casa. No todos los días uno puede introducir a alguien al maravilloso mundo de los cócteles.
Durante los siguientes treinta minutos probé más bebidas de las que podía contar.
Algunas me quemaban la garganta, otras eran empalagosamente dulces, y unas cuantas me hicieron toser sin control.
—Uf… eso fue horrible —jadeé después de probar algo llamado Rusty Nail.
Molly