Una vez.
Y no pasó nada.
Me aparté, sintiendo que el estómago se me encogía.
—No funcionó.
El rostro de Liam se ensombreció.
—Probablemente tenga que ser un beso de verdad. En los labios.
Por supuesto que tenía que ser eso.
Di un paso atrás y crucé los brazos sobre el pecho. De pronto, la cueva pareció mucho más fría, aunque quizá solo fuera el hielo que sentía corriéndome por las venas.
—Liam, no puedo...
—Lo sé —se apresuró a decir—. Sé que amas a Alexander. Sé que esto es... complicado.
—Es m