Transformarme fue una sensación de pura felicidad.
Había olvidado lo increíble que era volver a estar en mi forma de loba. Cada uno de mis sentidos despertaba con una intensidad abrumadora; los aromas, los sonidos, hasta el más mínimo movimiento a mi alrededor se volvía mucho más nítido.
Mi loba tenía un pelaje plateado con tonos grisáceos, más pequeña que la enorme figura negra de Alexander, pero hecha para la velocidad y la agilidad. Me estiré, dejando que mis músculos respondieran al movimien