Perspectiva de Ella
La mañana siguiente fue casi idéntica a la anterior. Me escabullí de la cama de Alexander antes de que saliera el sol y antes de que la casa empezara a despertar, recorriendo los pasillos a toda prisa como el pequeño y sucio secreto de Alexander.
Esta vez, sin embargo, no había manera de borrar la estúpida sonrisa de mi rostro. Era sórdido y, de cierta forma, "prohibido", pero tenía que admitirlo: toda aquella situación le añadía una emoción inesperada a algo que, en otras ci