Abrí los ojos de golpe y jadeé. Estaba de pie frente a la habitación donde Lucien dormía plácidamente. Desde el otro lado de la puerta llegaba el suave tarareo de Lilith mientras arrullaba a mi hijo. Tenía las manos cerradas en puños y una de ellas permanecía levantada, a escasos centímetros de la madera, como si estuviera a punto de descargar un golpe.
Retrocedí tambaleándome y me alejé de inmediato por el pasillo. Cada paso que daba para escapar de la voluntad de aquella criatura se sentía com