Perspectiva de Ella
Los ojos de Alexander eran negros como la noche.
Pero no era el cuchillo que sostenía lo que más miedo me daba. Era el odio que había visto en su mirada. Una mirada que, estaba segura, no olvidaría fácilmente.
Aunque, si había algo que se había grabado todavía más profundamente en mi memoria, era el horror que apareció en sus ojos en cuanto comprendió lo que acababa de hacer.
Liam retiró el puño, dispuesto a golpearlo de nuevo, pero me interpuse y le sujeté el brazo.
—¡No! ¡N