Cuando Catherine comenzó a despertar, se sentía tan débil que aun el mantener los ojos abiertos le resultaba muy difícil. Su boca estaba tan seca que cuando intento pedir ayuda, ningún sonido salió de sus labios.
Se sentía tan mal que no podía levantar siquiera la cabeza para intentar averiguar donde se encontraba. Solo sabía que la luz era escasa y había un persistente aroma a sangre.
El ser consciente de eso le aterro, pues de pronto recordó lo que estaba viviendo. El dolor había desapareci