En la mañana, Isabella abrió los ojos y notó el fuerte brazo de James sobre ella en un abrazo.
Si no fuera por lo decepcionada que estaba de él con sus juegos con la pelirroja, se habría alegrado. Era reconfortante tenerlo a su lado, sentir su respiración y el calor de su cuerpo tan cerca, pero no podía tomarlo como un halago, sino más bien como una ofensa.
¿Cómo se atrevía a acostarse en su cama medio desnudo después de lo que había hecho?, ella no era un juguete con el que podía jugar cada ve