—Busco a mi padre — al fin contestó con un deje de duda en su voz.
—Soy Isabella, si quieres, podemos esperarlo juntos, para que no estés solito — ofreciéndole una sonrisa.
—Sí, gracias — asintiendo con la mirada profundamente azul que desconcertaba a Isabella y le parecía tan familiar.
—¿Quieres comer algo?
El niño volvió a dudar y ella lo notó. Prefirió no presionarlo.
—Si no quieres, no importa, es mejor así, no debes recibirle nada a personas extrañas, es peligroso.
—Mi mami me decía eso… —