—¿Ya se fue toda la gente? — Isabella preguntó tumbándose en el fino sillón de piel de una de las salitas de estar de la mansión.
—Si, señorita, ya se fueron los últimos invitados — respondió Amada, el ama de llaves de la mansión.
—¡Qué bueno, pensé que no acabaría jamás!
—¡Qué! ¿Pensaste que sería fácil? Te advertí que no sería así, no sé de qué te quejas — era James, que acababa de entrar y caminaba directo al bar para servirse una copa.
—No. Nunca pensé que sería fácil, pero estoy agotada, y