Las damas chicharacheras presentes vieron cómo Isabella se convertía en el centro de atención del día. Aunque la envidia persistía, entendían que su maestro estaba usando su reputación para protegerla.
Con el respaldo de un maestro tan respetado, era inevitable que los funcionarios civiles comenzaran a tratar a Isabella con especial consideración. Por ejemplo, alguien como don Fernando Yáñez, un amante empedernido del buen arte, definitivamente buscaría mantener una buena relación con ella si qu