Isabella recibió estas palabras con una sonrisa y bromeó:
—Ya que a todos los señores les gustan tanto las pinturas de mi maestro, si digo que no están a la venta, seguramente me criticarán en privado.
—¡No nos atrevemos! —dijo entre risas Rinaldo, ministro de la Secretaría de Asuntos Militares, y luego añadió en voz alta:
—Aunque no las vendas, nadie te criticaría, general Isabella. Quien lo haga, será el primero en enfrentarse a mí.
Era un chiste, pero también un recordatorio de que criticar a