Modesto, con cara impasible de poker, dio una orden directa a los guardias:
—Traigan al príncipe de vuelta para atender a los invitados. Hasta mañana por la tarde, cuando sea el momento de recoger a la novia, no se le permite salir. Si alguien desobedece, todos los guardias perderán tres meses de sueldo.
Con esta amenaza, los guardias no le quitaron los ojos de encima a los pies del Rey Benito, empujándolo poco a poco hacia atrás, paso a paso, hasta que retrocedió completamente.
Rey Benito rodó