Tras finalizar la exposición de arte, el Rey y los demás funcionarios abandonaron la casa de Isabella llenos de entusiasmo. Las esposas de los ministros también se fueron despidiendo y marchando. Había quedado claro que la posición había sido un éxito. El Rey había asistido personalmente, lo cual le había otorgado un honor inmenso.
Al marcharse, la Princesa Heredera no pudo evitar sentirse insatisfecha. Isabella había enviado una pintura a la Reina Madre Leonor, pero a ella, su propia tía, no le