Raúl durmió hasta la medianoche antes de despertarse completamente. Durante la noche, abrió los ojos varias veces, pero siempre medio aturdido. Al ver a su tía, volvía a cerrarlos.
A la medianoche, con la habitación bien iluminada, Isabella ya le había lavado la cara con agua caliente mientras dormía. Su rostro, aunque extremadamente delgado, se parecía mucho al de su segundo hermano.
Cuando despertó, volvió a llorar, pero esta vez lloró sonriendo hacia su tía. Debido a lo delgado que estaba, su