Al ver cómo el rostro de la Gran Princesa se puso de todos los colores, la Reina Leonor sintió un placer indescriptible. Por fin había llegado el momento en que ella probara el sabor de la derrota.
Aunque la Reina Leonor no entendía por qué no se podía condenar a Isabella por un crimen de lesa majestad, ya que esa acusación era bastante grave, la Gran Princesa se quedó callada, lo que indicaba que quizás no quería continuar con la acusación.
El motivo detrás de todo esto era algo que necesitaría