El Rey levantó una mano y dijo: —Tía, por favor cálmese. Que Isabella haya irrumpido en su hogar y la haya insultado no es apropiado y carece de la dignidad de una dama noble. Pero, ¿qué fue lo que le dijo? ¿Hay testigos? Si lo cuenta, yo tomaré cartas en el asunto. En cuanto a la acusación de difamación sobre el arco de castidad, ordenaré que se investigue. Si resulta ser una calumnia contra usted, también la castigaré.
—¿Testigos? Los hay de sobra. Todo el personal puede dar testimonio. Ella e