Después del baño de hierbas, Isabelita sintió su cuerpo completamente caliente, relajado y desfatigado. Antes de acostarse, Juana le trajo un recipiente con agua medicinal para remojar los pies junto con un par de piedras volcánicas, diciendo que debía hacerlo todas las noches.
Isabelita, obediente, sumergió los pies en el agua caliente por un rato y se froto suavemente con las piedras volcánicas haciendo sutiles masajes, dejándose llevar por un efecto destensionante de ]relajación, luego bebió