—¿Y ahora qué? —susurró de repente Hana.
—Supongo que debemos bailar ahora, a no ser que en medio de una pista de baile tú te sientes a comer. —le respondió, obviando su oración con su tono de voz bastante sarcástico.
Hana estuvo apunto de gritarle, estaba indignada por la manera en que Adrien le habló. Pero no obstante, esa indignación fue cambiada por vergüenza e intensos nervios cuando la mano de Adrien se posó en su cintura, provocando que el recuerdo del beso golpeara su mente nuevamente,