Capítulo 8
Esra continuó trabajando en el restaurant donde Burak la obligó a trabajar. Como el gerente no había recibido ordenes de despedirla luego de lo que había sucedido con Vanea, sobre todo, necesitaba de más personal, y en las pocas horas que Esra trabajó tuvo un gran rendimiento, porque era rápida y había dulzura en sus ojos y voz para atender, hizo que le permitiera quedarse.

Esra salía de la universidad e iba directamente al local, se colocaba el uniforme y salía a atender a los clientes con su carita sonriente y sus ojos brillando. Cualquier persona podía ver en ella una dulzura que la persona que ella amaba no podía ver. Para Burak, ella solo era una sucia y despreciable mujer.

Como los días anteriores, Esra tuvo un día agitado, que la dejaba agotada, cansada. Llegó a casa, se tomó la medicina que el medico le había recomendado para el cansancio, seguido se dispuso a ir a la habitación, pero al llegar al pasillo, escuchó una voz chillona y quejumbrosa.

—Burak… aun me arde aquí —mu
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