Capítulo 42. Darle la vuelta a la situación
—¡Deténgase ahí, doctor Thomas! —dijo Aletta, su voz quebrando el silencio de la habitación, baja pero cargada de autoridad.
Se mantenía erguida frente al escritorio de caoba, sin mostrar el más mínimo signo de temor, aun cuando su vida pendía de un hilo.
—Un paso más y le juro que me encargaré de que no vuelva a tocar un instrumento médico en toda su vida.
Thomas se quedó paralizado; la jeringa en su mano tembló levemente, una falla imposible de ocultar.
La miró con una expresión difícil de de