Capítulo 48. Antojos
—Quiero mango ahora, Adrian. No mañana. ¡Ahora mismo! —insistió Aletta, rompiendo el silencio de la habitación apenas iluminada.
—Mejor mañana, ¿sí? Estoy agotado hoy.
—Tengo antojo de mango —se quejó Aletta con voz lastimera.
El reloj de pared marcaba ya las dos de la madrugada. Adrian, que acababa de cerrar los ojos después de pasar más de doce horas lidiando con los informes de la empresa, se vio obligado a levantarse con movimientos lentos.
Miró a su esposa entrecerrando los ojos, luchando