Capítulo 51. El muro inalcanzable
Adrian se quedó de pie en el umbral de la puerta de su despacho, con la mandíbula tensa.
—Explícame por qué este artista está ahora en mi oficina, Aletta —preguntó, clavando la mirada, cortando el aire que de pronto se había vuelto denso y caliente. Su mano apretaba con fuerza el picaporte, conteniendo una agitación que ni él mismo sabía nombrar.
Frente a su escritorio, Ethan —un hombre de cabello largo que destacaba en medio del ambiente corporativo— sostenía un pincel con total tranquilidad.