Capítulo 49. Risas detrás de los muros del mansión
—No pensé que podría verte reír así, Adrian.
Aletta se apoyó en el marco de la puerta del estudio, con la mirada fija en la escena en el centro de la habitación.
Adrian estaba sentado con las piernas cruzadas sobre la alfombra gruesa, frente a Luca. Entre ellos, el tablero de ajedrez de caoba lucía desordenado, con piezas que se habían ido devorando unas a otras.
Adrian se había quitado el saco. Su camisa blanca estaba fuera del pantalón, las mangas arremangadas hasta los codos, dejando ver uno