Capítulo 25. Es un hombre difícil
—Pareces cómoda aquí, Aletta. Ven conmigo.
Adrian tiró del brazo de su secretaria con fuerza; su movimiento fue brusco, casi brutal.
No le importó si Aletta tropezaba.
A los ojos de Adrian, Aletta ya no era solo un activo, sino la única razón por la que no incendiaba aquella mansión hasta reducirla a cenizas.
—No vuelvas a pensar que puedes salir de aquí —dijo Anderson, emergiendo desde la oscuridad del piso superior. Su voz resonó, deteniendo la intención de su nieto.
El hombre ya estaba allí,