Livia subió a la avioneta, encendió la cabina y se colocó todos los accesorios. La torre de control de los Vescari se puso en alerta al no estar al tanto del movimiento, comunicándoselo de inmediato a Matteo, quien en ese momento se encargaba de torturar al hombre que había intentado huir después de robarle cincuenta millones de euros.
—¡Por favor, deje a mi familia fuera de esto! —rogaba, mientras era mutilado de la forma más cruel e inhumana.
—¿Por qué iba a hacerlo? Tú sabías que esto pasarí