Matteo
No había nada que me gustara más que los desafíos, y aquella mujer frente a mí lo era. O al menos lo intentaba. Era demasiado orgullosa y caprichosa para aceptar que me deseaba tanto como yo a ella. Tenerla tan cerca, saberla mía y no poder tocarla como deseara me estaba matando; era una tortura demasiado lenta.
Desde que la vi llegar a aquel despacho llena de heridas, de barro y con el miedo impregnado en sus ojos, despertó mi atención. ¿Qué hacía una chica como ella en mi territorio? N