Mundo ficciónIniciar sesiónLos caballos dormían echados muy juntos, cubiertos con mantas, y alzaron la cabeza con curiosidad cuando entorné la puerta lo indispensable para que Risa y yo nos coláramos dentro. El establo no era más que una habitación grande, el aguacero había abierto varias goteras y distaba de oler bien, pero era el único lugar donde podíamos refugiarnos bajo techo lejos de los demás.
Risa buscó mis labios con ansiedad, y la besé alzándola para sentarla sobre varios atados de heno apilados contra







