Mundo de ficçãoIniciar sessãoNo podía faltar mucho para el alba cuando Olena despidió a las rubias que la servían y me llevó hasta un ventanal que se abría hacia el oeste, para que nos sentáramos en el ancho antepecho.
—¿Recuerdas lo que te dije sobre el sexo cuando te encontré llorando como una idiota? —inquirió, apoyando la espalda contra el marco del ventanal y recogiendo sus piernas.
—El sexo es sólo otra función corporal —respondí en voz baja.
—Exacto —dijo con la vista perdida en el paisaje osc







