Mundo de ficçãoIniciar sessãoMás tranquila, conduje a mi caballo a la orilla y lo dejé abrevar tranquilo. Estaba bañado en sudor, y sus patas temblaban de fatiga. A nuestro alrededor, los pájaros regresaban a trinar en las ramas y algunas ardillas curiosas se asomaban a espiarnos. Una liebre se asomó de su madriguera, oliendo el aire como para saber si corría peligro. Retrocedí tres centenares de metros hacia el sur a pie, con cautela, pero allí también la vida silvestre parecía normal, sin perturbaciones.
Regresé







