LIBRO 4 - RISA
Mi cabeza dolía como si estuviera a punto de estallar, colmada de voces que no sabía cómo acallar. Todos los lobos parecían hablar al mismo tiempo, incluidos los cachorros, que intercambiaban exclamaciones de miedo entre ellos.
Avanzábamos hacia el norte por la huella tan rápido como podíamos, pero los caballos no podían galopar en aquel terreno, y sólo podíamos ir en fila al trote largo.
Sólo podía rezar para que Bardo llegara lo antes posible a Rathcairn con nuestro pedido de ay