De lo contrario, no se habría quedado a escucharla.
—Bien, con que admitas que fui buena contigo es suficiente —dijo Jenny, secándose las lágrimas del rabillo del ojo—. Entonces no hablemos de tu padre ni de Bella; hablemos de mí. ¿Sabes que lo que estás haciendo ahora es destruir la familia de tu madre? ¿Qué te hice yo para que me vengaras de esta manera?
—Con que una sola vez me hayas considerado tu madre, ya me debes algo, ¿lo entiendes? —continuó Jenny, con la voz quebrada, cada vez más tri