El clima de junio era tan cambiante como el rostro de un niño.
El cielo, que había estado despejado, se oscureció de pronto, y una lluvia torrencial cayó sin previo aviso.
Sylvia estaba apoyada en la ventana de Lilac Land, observando cómo la lluvia golpeaba las flores del jardín. Las lilas, azotadas sin piedad, parecían especialmente desvalidas.
En los barrios marginales, las casas siempre goteaban por algún lado. En Isla de Ceniza, cada lluvia era como la llegada de un recolector de almas: sie