Sylvia giró ligeramente el rostro, y Hiram entregó el paraguas que llevaba en la mano a uno de los guardaespaldas que estaba a un lado. Luego la rodeó por delante, atrayéndola contra su pecho, y desde atrás tomó ambas manos de ella, estirando con cuidado sus dedos finos.
Le enseñó, mano sobre mano, a juntar las palmas.
Sylvia mantuvo una expresión aturdida y se dejó guiar sin oponer resistencia, aunque por dentro estaba llena de desconcierto.
¿Por qué quería que ella rindiera homenaje a su madr