El corazón de Sylvia dio un salto violento; casi se levantó de un brinco. Solo entonces se dio cuenta de que se trataba del efecto sonoro de una victoria en el juego.
Había ganado una partida.
—Qué enfermo… —pensó Sylvia para sí—. Demasiado enfermo.
Hiram la mantuvo abrazada y comenzó una nueva ronda.
En ese momento, Lucy entró desde afuera, sosteniendo con cuidado unas ramas de lilas recién cortadas.
Hiram les lanzó una mirada y dijo con frialdad:
—¿Por qué cortaron flores que estaban perfecta