—¡Sylvia!
Un rugido grave estalló de pronto junto a su oído, urgente, estremecedor.
Incluso con su audición casi destruida, Sylvia percibió la ansiedad en esa voz.
El sudor frío brotó de forma descontrolada y resbaló por su piel.
Sylvia levantó la cabeza lentamente. Todo a su alrededor se balanceaba y giraba; el sol se movía sin cesar frente a sus ojos, provocándole náuseas, aunque no podía vomitar nada.
El mundo entero parecía haber sido retorcido por el creador: absurdo, distorsionado, enloqu