Mientras caminábamos escoltados por una docena de sirvientes mudos por los largos pasillos iluminados, la voz mental de Haldor, cargada de furia contenida, resonó en mi cabeza como un mazo.
¿Te ha tocado?
Levanté la vista brevemente hacia su perfil duro y tenso, era hermoso, apenas podía contenerme de tocarle su rostro.
No. Llegaste justo a tiempo. Estaba a punto de obligarme a ir a su cama. Casi arruino el plan cortándole la garganta en medio del pasillo.
Sentí cómo el brazo de Haldor se conve