BENJAMÍN
— Algunos eran muy traviesos y otros más tranquilos. Con sólo tocarles la mitad de la pierna, ¡se evaporaba toda santidad! — Me atrevo a decir, acercando mi boca a su oído. — ¿Sabes qué tenían todas en común?
Ella no responde, no contesta, pero sus ojos suben a los míos deseando la respuesta.
— Cuando vinieron... — La veo tomando aire, llenando su pecho de oxígeno. — Vinieron gritando mi nombre. Pedían más a pesar de estar llenos de...
— ¡Basta! — me bloquea en el mismo segundo en que