BENJAMÍN
— Dúchate conmigo... — preguntó con su dulce y ebria voz tratando de sacarme del lugar. — ¡Argh... eres demasiado... demasiado pesado!
— ¡Podemos hacer esto en casa!
— ¡No! — volvió a pisar fuerte como un niño mimado. — ¡Yo quiero ahora!
Ella es rápida cuando pone sus manos en los puños de mis pantalones tratando de abrirlos, sabía a dónde iba eso y no importaba lo tentador que fuera, nunca la tocaría en esas condiciones.
— Amor... para, por favor... — digo quitando sus manos de m