— ¡No, no dejé que Héctor me lo quitara! — Lo revelo dejándolo impactado.
— ¿Qué quieres decir con que no? — resopló con enojo. — No creo eso —
— ¡No podía arriesgarme, Benjamín! — Lo interrumpí explicando mis razones. — Si lo hubiera dejado hacer el hechizo, uno de nuestros hijos correría el riesgo de convertirse en el próximo anfitrión.
— ¡No está bien que te obliguen a vivir con esto dentro de ti, debe haber alguna forma de destruir esto para que nadie más sea poseído por esta droga!
— Mejor